sábado, 8 de octubre de 2011

Mikan (Prólogo)

Llevo todo el día pensando en esto, y ahora por fin me veo con ganas de escribirlo. Supongo que será mi manía de escribir de noche. Así que, aquí dejo mi fic =)

Allá vamos.
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Ssssssh... 


Flusss...


Pip.


- ¿Oka-san?

Pip. Pip. Pip.


- ¡Enfermera!

Pip, pip, pip, pip, pip, pip.


- ¡Aguante, señora Ikuta!

Pip, pip, pip, pip, pip, pip, pip.


- ¡Oka-san!

Pip, pip, pip, pip.


- ¡Que alguien saque a esta niña de aquí!

Pip, pip, pip, piiiiiii.


- No puede ser...

...

- Hora de la muerte, 13:06.
- Lo lamentamos mucho, niñita.

...

- Oka-san...

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- ¡Ah, Riho, si no sales del baño ahora mismo te voy a sacar de una patada! - le amenazó su hermana mayor por cuarta vez aquella mañana.
- ¡Ahora voy! ¡Espera un poco más! - le pidió. Se miró en el espejo y, finalmente, asintió con satisfacción ante el peinado que tanto tiempo le había llevado preparar. Abrió la puerta y sonrió inocentemente a su hermana-. ¿Ves? No he tardado tanto.
- No, claro que no - dijo su hermana sarcásticamente, moviendo su cabeza de un lado a otro-. Aquí el problema es mío, que veo que las agujas se mueven más rápido de lo que se mueven en realidad.
- Muy bien, Reina; lo primero es admitir que tienes un problema - río Riho, huyendo hacia el salón.
- ¡Te vas a enterar, enana! - exclamó, abalanzándose sobre su víctima.

Ya empezaban otra vez. Como cada mañana, Reina y Riho  discutían y jugaban antes de ir al colegio. La verdad es que su relación era muy pero que muy buena, casi envidiable. Aunque ellas no fueran hermanas en realidad, realmente actuaban como si lo fueran. Ellas eran hijas de una misma madre, pero de distintos padres, pero igualmente no había mucha diferencia entre ellas. Ambas tenían un carácter juguetón, y, a veces, un tanto yankii.

- ¡Te tengo! - exclamó Reina, victoriosa, agarrando a la joven por la cintura.
- No me mates, por favor - reía Riho. Reina miró el reloj de la encimera, recordando por un momento que no había tiempo para juegos.
- No te mataré porque llegamos tarde y Risa debe de estar esperándonos desde hace rato - dijo, soltando a su hermana y alcanzando su mochila.
- De acuerdo - suspiró la pequeña, sin muchas ganas de ir al colegio-; vamos.

Cogiendo el bentou que su madre había preparado antes de irse, las dos salieron de casa hacia la estación de autobuses. Reina le comentó a su hermana la posibilidad de que esa tarde fuera a un karaoke con sus amigas. Riho asintió y dijo que tal vez ella también hiciera algo con sus amigas esa tarde, aunque todavía no supiera exactamente qué. Reina alzó una ceja, dudando en si debía invitar a su hermana y sus amigas a ir al karaoke con ellas. Al fin y al cabo, ambos grupos se conocían muy bien, casi como si fueran una gran familia.

- ¡Reina-chan! ¡Riho-chan! - exclamó una voz muy conocida para las dos.
- Ohayou, Niigaki-san - saludó Riho, buscando entre las chicas que estaban en la estación a sus dos mejores amigas. La chica, que parecía corresponder al apellido de Niigaki, le sonrió.
- Mizuki-chan y Kanon-chan todavía no llegaron, así que puedes esperar con nosotras - dijo-. Al fin y al cabo, tenemos que esperar a la tortuga, al conejo y... - volvió la vista a Reina-. ¿por qué no le hemos puesto un mote a Aika todavía?
- No me había parado a pensarlo, Risa - dijo Reina, frunciendo el ceño-. Ya se nos ocurrirá algo.
- ¿Te has enterado de lo de la prima de Eri? - preguntó Risa.
- ¿Lo de Ikuta? Sí - contestó, cruzándose de brazos. No era una pose de rechazo; en realidad, Reina confiaba en que, cada vez que tomaba esa postura, podía pensar con mayor claridad-. ¿Así que se va a mudar a casa de Eri?
- Parece ser que sí - dijo Risa.
- ¿Y cuando vendrá Ikuta? - intervino Riho, quien ya había oído hablar sobre aquella chica anteriormente.
- Eri todavía no ha dicho nada sobre ello - respondió Reina-. Tendremos que esperar a recibir noticias de ella.
- La verdad es que esa chica va a encontrarse con un verdadero desastre - rió Risa, recordando la última vez que estuvo en casa de Eri-. Vivir en una casa con una tortuga vaga desordenada y no muy buena cocinera, junto con sus compañeras de piso chinas que viven en su propio mundo, no debe ser muy bueno.
- Supongo que se comportarán de otra manera cuando Ikuta esté con ellas - comentó Reina.
- Por cierto ¿cómo se llama esa tal Ikuta? - preguntó Riho.
- Erina.
- ¿Erina?
- Sí - rió Risa-. Suena como un dúo cómico ¿verdad? Eri y Erina.
- Totalmente - dijo Reina, antes de soltar una carcajada.
- ¡Chicas! - exclamó alguien, corriendo hacia ellas con una amplia sonrisa-. ¡Buenos días!
- Buenos días, Mizuki-chan - sonrió Risa-. ¿No viene Suzuki contigo?
- Sí, pero... - Mizuki señaló al suelo, donde una chica se arrastraba de un lado a otro con sorprendente agilidad- Quiso venir hasta aquí haciendo su imitación de un gusano de seda.
- ¡Kanon! - exclamó Riho, agarrando a la joven y ayudándola a levantarse.
- ¡Ha sido divertido! - rió Kanon, aplaudiendo su propia actuación.
- Has sido idiota - le regañó Mizuki-. ¡Mira tu uniforme! Está sucio.
- Baaah, eso no importa - dijo Kanon, quitándole importancia a lo que había ocurrido. Riho y Mizuki compartieron una mirada antes de sonreír por las locuras de su amiga.
- ¿Por qué no vienen Aika, Sayu y Eri ya? - se quejó Reina.
- No es muy normal que Aika llegue tarde ¿no crees? - comentó Risa, y volvió la vista a la amiga de Riho-. Mizuki-chan, tú vives en el mismo bloque de apartamentos que Aika ¿verdad? - la chica asintió, sonrojándose un poco-. ¿Sabes algo de ella?
Mizuki se detuvo unos segundos a pensarlo, pero luego sonrió al ver a tres figuras familiares corriendo hacia la estación de autobuses. Había una chica junto a ellas, pero Mizuki supuso que se trataba de otra alumna del colegio.

- ¡Buenos días! - exclamó el conejo, sonriendo ampliamente mientras hacía el signo de la paz con sus manos-. Hoy también soy linda.
- Cállate - le pidió Risa, sonriendo-. No estoy preparada para escuchar este tipo de cosas desde tan temprano.
- Esto, chicas - dijo Eri, llamando la atención de todas durante unos instantes. Señaló a la chica que se encontraba medio escondida detrás de su espalda-. Ésta es mi prima, Ikuta Erina.
- ¡Qué mona es! - exclamó Risa-. ¿Por qué no nos avisaste de que venía? Podríamos haberle hecho un recibimiento mejor.
- Es que a mí también me pilló por sorpresa - admitió Eri, sonriendo-. Bueno, te presento a mis amigas, Erina-chan. Éstas son Risa, Reina, Riho, la hermana de Reina y sus dos amigas Mizuki y Kanon.
- Es un placer conocerte - dijeron a la vez las recientemente mencionadas, salvo Kanon, que estaba concentrada en otra de sus imitaciones de insectos.
- ¿Qué está haciendo? - preguntó Erina, en una voz casi inaudible. Eri que estaba a su lado fue capaz de escucharla, y se echó a reír.
- Kanon es muy buena con las imitaciones de insectos - sonrió ella.
- ...
- ¡Oi! Viene el autobús - dijo Risa-. Nos vemos luego, chicas.
- ¿Podríais ayudar a mi prima? - les pidió Eri a las amigas de la hermana de Reina.
- ¡Claro! - exclamó Mizuki-. Además, seguramente estemos en la misma clase. ¿Qué edad tienes, Ikuta-san?
- ... - Ikuta no respondió, sólo observó a Mizuki en silencio.
- T-Tiene la misma edad que vosotras, sí - sonrió Eri, extrañada por el repentino cambio de humor de su prima-. Por favor, Erina-chan, no te separes de ellas ni un segundo. Aunque la imita insectos te dé miedo - dijo, guiñándole un ojo-. Nos reuniremos aquí al final de las clases ¿vale?
Erina asintió y le dedicó una pequeña sonrisa a su prima, aunque no fuera muy convincente. Eri dejó un beso en la frente de la pequeña y subió al autobús junto a sus amigas.

Ellas ya estaban en la universidad, cada una matriculada en una carrera diferente. Sayumi estudiaba Bellas Artes, ya que era una gran artista, Eri estudiaba Historia Universal, Risa estudiaba derecho y Reina, que no sabía si seguir el camin de Sayumi o el de Eri, pues ambas carreras le atraían, decidió estudiar Historia del Arte. Aika era más joven que ellas. Era lo que se llamaba "un genio", y estudiaba dos carreras al mismo tiempo: derecho y medicina. Nadie se explicaba como podía sacar tan buenas notas en ambas carreras y tener tan buena vida social.

- Espero que mi prima esté bien - suspiró Eri.
- Lo estará - dijo Reina-, y si no lo está, me aseguraré de dar una buena paliza a esas tres. Sobretodo a mi hermana.
- Wow, Reina, cálmate - rió Risa.

sábado, 25 de junio de 2011

S/mile Factory (Parte Uno)

Pairing: YuuKi (Yuuka+Saki)
Es un drama... no llega a ser dramón, pero sí drama. Aunque luego intentaré que vaya mejor.



Ama No Jaku 


- ¿Ésa es tu última palabra?
- Sí.

Asintió en silencio y volvió a su escritorio. Presionó uno de los botones de su mesa y en cuestión de segundos apareció Wada Ayaka, su fiel recepcionista.

- ¿Ha llamado, Maeda-san?
- Sí. Ayude a la señorita Sugaya a recoger sus pertenencias – volvió la vista a la apellidada Sugaya y le dedicó una mirada de desprecio-. Está usted despedida.
- Pero…
- No quiero escuchar ni una palabra más. Coja sus cosas y márchese – se sentó en su silla y agarró el teléfono. Marcó un número y esperó sólo un segundo para hablar-. Fukuda, llame a la prensa. Necesitamos a alguien que ocupe el puesto de Sugaya.
- De acuerdo, Maeda-san, me pondré a ello ahora mismo – dijo la chica al otro lado de la línea. Ésta colgó el teléfono y se volvió a Wada, que acompañaba ahora a Sugaya hacia la puerta.
- Wada, cuando haya terminado con Sugaya, encárguese de las entrevistas de trabajo. Ya sabe cuáles son mis condiciones.
- Sin problema, Maeda-san – dijo, abandonando la sala junto a Sugaya. Maeda-san se reclinó en su asiento y suspiró.
- Otra vez vuelta a empezar.

. . .

- ¡Despierta, Saki! – le gritó su hermana mayor.
- ¡Waaa, Mako-chan! ¡No me grites cuando estoy dormida! – exclamó, levantándose de un salto del futón-. ¿Qué pasa? ¿A qué vienen esos gritos?
- Ya va siendo hora de que hagas algo con tu vida.
- Oye, estoy de vacaciones, y… - antes de que pudiera decir nada, su hermana Makoto le puso un periódico delante de sus narices.
- ¿Qué es esto? – preguntó, cogiendo el periódico en sus manos.
- Mira ese anuncio – le ordenó.
- “La conocida y joven empresaria Maeda Yuuka, de S/mile Factory, busca nueva secretaria” – leyó-. ¿Qué tiene esto que ver conmigo?
- Saki, tú sabes que estamos en un gran apuro económico ¿verdad? – le dijo, poniendo su mano en el hombro de su hermana pequeña.
- Sí, lo sé, pero ¡no tengo nada de experiencia! Quiero decir, sólo tengo el título de bachillerato, ¡y el año que viene empiezo la universidad! – se excusaba la joven Saki Ogawa.
- Sólo será durante el verano ¿vale? Después, tendrás todo el tiempo que quieras para estudiar – le dijo su hermana-. Por favor, por favor, ¿lo harás por mí?
- Está bien – resopló-. Igualmente, no creo que consiga ese trabajo.
- Tienes que intentarlo al menos. Tratándose de Sumairu Factory, está claro que el sueldo estará mejor que bien.
- Tienes razón.

En ese mismo momento, sonó el timbre. Saki, todavía un tanto perezosa, caminó hacia la puerta y al abrirla se encontró con su amiga Chisato Okai. Siempre habían ido al mismo colegio, y hacía unas semanas que no se veían porque Chisato estaba en Gran Bretaña haciendo un curso de inglés. Saki y ella tenían grandes diferencias, pero se entendían bastante bien. Mientras que Saki era bastante vaga, Chisato era una gran trabajadora.

- ¿Te has enterado? – preguntó Chisato.
- ¿De qué?
- De lo de Maeda Yuuka. Acabo de verlo en las noticias – dijo-. ¿Vas a presentarte a la entrevista?
- Se supone que sí, porque mi hermana me lo ha pedido.
- ¡Ah! Okai-chan, ¿ya volviste de Gran Bretaña? – preguntó Makoto, dirigiéndose a la entrada de la casa.
- Sí, Ogawa-san, llegué ayer mismo – sonrió-. Saki-chan me acababa de decir que le habías dicho que fuera a la entrevista de trabajo de Sumairu Factory.
- Así es – asintió felizmente Makoto, pero después se quedó congelada al darse cuenta de lo que había dicho Chisato-. No… no irás tú también a la entrevista ¿verdad?
- Claro que sí.
- ¡Waaah! ¡Entonces, Saki no tendrá ninguna oportunidad! – lloriqueó Makoto.
- ¡Oye! Que yo no soy tan tonta – se quejó Saki.
- Lo sé, lo sé, pero es que Okai-chan sabe cinco idiomas – dijo Makoto, llevando una de sus manos a su cara-. No tienes ninguna posibilidad contra ella.
- No te creas, Ogawa-san – rió Chisato-. Me han dicho que Maeda-san tiene unos gustos rarísimos a la hora de elegir secretaria.
- Vaya…
- Bueno, Saki, ¿qué me dices? ¿Vamos a la entrevista? – preguntó Chisato.
- ¡Claro! – exclamó Saki-. Déjame un momento, que me cambio de ropa.
- De acuerdo.

. . .

- Maeda-san – dijo Wada entrando por la puerta-. Las entrevistas comenzarán en media hora.
- Perfecto.
- Me estaba preguntando… - se acercó un poco al escritorio de su jefa-. ¿Cuál fue la razón del despido de Sugaya?
- Eso no es de su incumbencia, Wada – dijo Maeda, dando media vuelta en su silla y mirando por el enorme ventanal que tenía tras ella-. Pero ahora que lo pregunta… Ya hacía tiempo que deseaba cambiar de secretaria. La discusión de hoy sólo ha sido un pequeño empujón para hacerlo.
- Entiendo.
- Sé que pensará que estoy loca, Wada, pero a mi lado sólo quiero a la mejor gente – dio media vuelta y sonrió a su acompañante-. Por eso os escogí a usted y a Fukuda.
- Vaya, yo no sabía eso – murmuró Ayaka, un tanto sorprendida.
- Pues ahora ya lo sabe – la sonrisa de Maeda-san desapareció repentinamente de su rostro-. Y ahora vuelva al trabajo. Hay mucha gente a la que entrevistar.
- ¡C-claro, Maeda-san! – exclamó Wada, haciendo una reverencia antes de dar media vuelta y salir de la habitación.
- ¿Te ha dicho por qué la ha despedido? - le preguntó Kanon nada más verla salir de la oficina de su jefa.
- No exactamente, pero… - Wada se quedó unos instantes con la boca abierta, pensando en cómo decirlo sin causar una reacción exagerada en su compañera de trabajo-. Maeda-san me ha sonreído.
- ¿¡Qué!? – al parecer, los intentos de Wada fueron en vano-. ¡Pensé que sus labios eran incapaces de sonreír!
- Pues parece ser que no lo son – rió-. Bueno, será mejor que me dé prisa. Las entrevistas están a punto de empezar.
- ¡Mucha suerte!
- Créeme que la necesito – lanzó un beso al aire a Kanon y se marchó rápidamente a la sala de entrevistas.
- Esta chica cada día me gusta más – dijo Kanon para sí misma, ordenando los papeles del escritorio.



- ¡Waah! Hay una cola larguísima. No tengo ninguna posibilidad de conseguir ese trabajo – se quejaba Saki, observando la larguísima cola de gente que había frente a ella.
- La verdad es que nuestras posibilidades son nulas, teniendo en cuenta el número de gente que hay aquí.
- Yo diría que una probabilidad de una entre un millón – suspiró-. Tendré que buscar otro trabajo.
- Todavía no te des por vencida, Saki-chan – le aconsejó Chisato-. Y además, aquí no creo que haya un millón de personas.
- Pues hay mucha gente. Yo todavía no veo la entrada desde donde estamos. No desestimaría que aquí haya un millón de personas – resopló.
- Pensemos en positivo. Aquí lo peor que nos puede pasar es que no logremos el trabajo. Luego tomaremos un helado para animarnos y buscaremos otro ¿vale?
- ¡Vale! – exclamó Saki, de pronto más animada que antes.
- Bueno, me parece que estaremos esperando un buen rato – suspiró Chisato, mirando a su alrededor-. ¡Ah, mira! Allí, en la tele, está actuando ºC-ute.
- ¿Te sigue gustando ese grupo?
- ¡Pues claro que sí! Me sé todos sus bailes. La verdad es que Airi y Maimi hacen muy buen trabajo.
- A mí me sigue pareciendo un grupo muy raro – comentó Saki-. ¿Qué clase de grupo está integrado por sólo dos personas?
- ¡El mejor grupo de la historia! – exclamó, dedicándole una mirada asesina a su acompañante.
- Vale, perdón, no sacaré el tema más.
- Más te vale que no lo hagas – rió, ya un poco más relajada.

. . .

- Muy bien. Ya le llamaremos – dijo Ayaka, antes de soltar un bostezo. Mientras aquella chica llamada Chisato salía de habitación, el teléfono sonó y Wada lo descolgó con rapidez-. ¿Diga?
- ¿Cómo van las entrevistas, Wada?
- Todavía nada que encaje con lo que usted pide, Maeda-san, pero seguiré buscando, aunque queda muy poca gente.
- Bien. Encuéntrela – dicho esto, colgó el teléfono, dejando perpleja a Ayaka. Ésta tragó saliva y dejó el teléfono en su sitio.
- ¡Siguiente candidato!

La puerta se abrió y por ella pasó una chica de cabello corto, un tanto sonriente. Ayaka se quedó sin palabras al verla. Ella caminó un tanto incómoda hacia la mesa y, una vez delante de ella, hizo una reverencia.

- Soy Ogawa Saki. Tengo 20 años y vengo desde Chiba. Encantada de conocerte – dijo.
- Yo soy Wada Ayaka, recepcionista y ayudante de la encargada de marketing de Sumairu Factory – dijo, haciendo un gesto con su mano-. Por favor, tome asiento.
- Gracias – sonrió y sentó frente a ella.
- Déjeme ver su currículum – dijo, cogiendo el sobre que Saki tenía entre las manos. Antes de que Saki pudiera decir nada, lo abrió y leyó su currículum-. Veo que tienes el graduado escolar, un título de inglés y que tienes conocimientos de Italiano.
- Así es.
<<Bueno, en realidad, lo de Italiano se lo inventó mi hermana mayor>> pensó Saki.
- No es gran cosa – murmuró Wada-. Pero me gustaría probar sus conocimientos. ¿Cuál es tu asignatura preferida, Ogawa-san?
- Historia, sin duda – contestó, sintiéndose de pronto un tanto más libre a la hora de hablar.
- Vale. Entonces dime qué paso el 1 de Septiembre de 1939 – le pidió Wada.
- Eso es demasiado fácil. Alemania invadió Polonia ese día, y dos días después se inició la Segunda Guerra Mundial – respondió.
- Sorprendente – dijo Wada, pues muchos de los entrevistados no habían sabido responder a esa pregunta-. Vale. Imagine que yo le doy todos estos papeles para que los archive – sacó un montón de papeles de su segundo cajón y los puso frente a Saki-. ¿Cómo los ordenarías?
- Es fácil – sonrió-. No hay más que ordenarlos por orden alfabético, y ponerles una pegatina para distinguirlos – tomó las carpetas que había sobre la mesa y ordenó y clasificó todos los documentos en cuestión de segundos. Wada, que todavía no salía de su asombro, cogió el teléfono y marcó un número.
- ¿Maeda-san? ¿Podría venir?

Una voz dijo algo al otro lado, y luego Wada colgó el teléfono. Se escuchó el sonido de unos zapatos de tacón al caminar. La puerta trasera de la habitación se abrió de par en par y por ella pasó una mujer de cabello largo, negro y alisado. Se colocó junto a Wada y miró fijamente a Saki. Entonces ella la reconoció: era la famosa empresaria de Sumairu Factory, Maeda Yuuka, la mujer más joven y más temida por los mayores tiburones del mundo de los negocios. Saki no podía creerse que estaba frente a ella, y que ella estaba mirándola fijamente.

- Wada ¿podría dejarnos a solas? – preguntó Maeda.
- Claro, Maeda-san – contestó Wada, levantándose de su asiento y marchándose por la puerta por la que había entrado su superiora. Una vez se hubo asegurado de que Wada había abandonado la sala, Maeda volvió la vista a la joven que tenía frente a sus ojos. Saki, que todavía estaba un tanto sorprendida por estar frente a ella, permaneció en silencio, devolviéndole la mirada.

Maeda se acercó lentamente a Saki, y ésta, que no sabía bien que hacer, se limitó a tragar saliva y esperar a ver qué ocurriría. Se detuvo a su lado y le hizo un gesto para que se levantara. Saki, dubitativa, obedeció. Una vez se hubo levantado, Saki comprobó que, tal y como esperaba, Maeda-san era un poco más alta que ella, y que seguramente, si ambas se quitaran sus zapatos de tacón, lo seguiría siendo. Maeda-san siguió mirándola de esa manera, de esa forma tan fría, como si quisiera ver algo más a través de ella. Saki, ya un tanto incómoda, retrocedió un paso para no invadir tanto el espacio vital de aquella mujer, pero ella se lo impidió agarrándola fuertemente del brazo. Saki estuvo a punto de preguntarle por qué lo había hecho cuando notó un par de labios posados sobre los suyos. Sus ojos seguían abiertos, observando los ojos cerrados de aquella famosa empresaria, que agarraba su brazo y ahora acariciaba su mejilla. Saki cerró sus ojos y trató de relajarse, todavía no muy segura de lo que estaba ocurriendo. La lengua de Maeda-san pidió permiso para entrar en su boca. Saki, dubitativa, la dejó pasar, y pronto notó su lengua sobre la suya. Después de juguetear un poco con su lengua, mordió sus labios y se apartó bruscamente de Saki.

- Está usted contratada.

Dicho esto, se marchó de la sala, dejando a una muy asombrada Saki. Segundos después, Wada entró por la puerta, muy sonriente.

- Enhorabuena. Es usted la nueva secretaria de Maeda Yuuka. Puede recoger su uniforme en recepción – hizo una reverencia-. ¡Bienvenida a Sumairu Factory!

Wada salió de la habitación y se dirigió a la gente que estaba esperando en la entrada. Chisato se encontraba ya un poco nerviosa, pensando en por qué su amiga estaba tardando tanto, temiéndose lo peor. Al ver a la recepcionista salir por la puerta, y ver que Saki no salía, pensó que algo malo había pasado. Que tal vez Saki había sufrido uno de sus ya no tan frecuentes ataques de asma debido a la presión que le suponía aquella entrevista. Fuera como fuese, en la mente de Chisato no cabía la idea de que Saki podría haber sido contratada para ser la secretaria de una empresaria de tal calibre.

- Gracias a todos por venir, pero ya hemos encontrado a la candidata que estábamos buscando – anunció Wada, dejando boquiabierta a Chisato-. Les ruego que abandonen la sala cuanto antes para que volvamos al normal funcionamiento de la empresa.

La gente comenzó a abandonar la sala, pero Chisato no podía moverse de su silla. Ella, la chica más inteligente de su generación, con cinco idiomas, había sido vencida por un currículum medio inventado. Ya le habían dicho que Maeda Yuuka tenía gustos extraños a la hora de elegir a sus empleados, pero todavía no entendía por qué había elegido a Saki.

- ¿Ocurre algo? – le preguntó Wada, sonriente.
- Estoy… estoy esperando a la chica que acaba de ser contratada. Soy su amiga – trató de sonreírle, pero por alguna extraña razón, sus labios parecían moverse incómodamente.
- Oh. Así que eres amiga de Ogawa-san.
- ¿Qué vieron en ella que yo no tengo? – murmuró Chisato, prácticamente preguntándoselo a sí misma más que a la chica que estaba frente a ella. Wada no le contestó, sólo la miró y volvió a su lugar de trabajo. Segundos después Saki salió de la habitación, todavía sin creer nada de lo que había pasado. Su mano estaba posada instintivamente en sus labios, tratando de recordar el rígido tacto de los labios de su futura superiora sobre los suyos. Si se concentraba mucho, todavía podía imaginarse el cosquilleo que sintió cuando su lengua tocó la suya. Miró a Chisato, que no le había quitado ojo desde que salió de la habitación.
- Oh… estás aquí – susurró.
- ¿Ha pasado algo? – preguntó Chisato, sorprendida por la extraña actitud de su compañera.
- Yo… no ha pasado nada – contestó, dirigiéndose a la recepción para recoger su uniforme. Su amiga la siguió de cerca, y una vez se detuvieron las dos frente a la recepcionista, ella le susurró al oído-. Os lo contaré a las dos en casa.

. . .

- ¡Ay! ¡Qué buena noticia! ¡Mi hermana pequeña secretaria de la famosa Maeda Yuuka! – exclamaba Makoto, abriendo su segundo botellín de cerveza que guardaba para celebraciones-. Todavía no sé por qué te escogieron a ti y no a Okai-chan. Porque Okai-chan entró antes que tú ¿verdad?
- Sí, así es – contestó Chisato, puesto que Saki, desde que habían vuelto de la entrevista, no había dicho ni una palabra.
- ¿Y éste es el uniforme de Sumairu Factory? – preguntó Makoto, mirando lo que su hermana había traído en una bolsa-. Es bastante bonito. No me molestaría trabajar llevando este uniforme.
- La verdad es que la sede central de Sumairu Factory es bastante curiosa – comenzó Chisato-. La recepcionista tenía un uniforme diferente al que llevaba la jefa de marketing, y el uniforme de secretaria por lo que veo, también es diferente. Supongo que alguien los diseñó para que puedan distinguirse.
- Eso es muy extraño – comentó Makoto-. ¿No te parece, Saki-chan?
- …
- ¿Se puede saber qué demonios te pasa? – explotó Chisato de pronto-. Por favor ¡dinos algo! No has abierto la boca desde que salimos.
- Me ha besado.
- ¿Eh? – preguntaron las dos al mismo tiempo.
- Maeda Yuuka. Me ha besado.
- Eso no puede ser - murmuró Makoto.
- Pero ¿estás segura?
- Mis labios son testigos de ello – dijo mirando a su amiga. Chisato nunca había visto a Saki con un gesto tan serio.
- Explícanos cómo pasó todo – le pidió su hermana, que estaba todavía un poco sorprendida. Saki tragó saliva y lanzó un suspiro.
- Primero la entrevistadora me hizo unas preguntas. La primera fue sobre historia, y era bastante sencilla. Luego me pidió que archivara unos documentos, y también lo hice fácilmente. Después llamó a Maeda-san, y ella apareció en el despacho. Le pidió a la recepcionista, Wada creo que se llamaba, que nos dejara a solas. Entonces fue cuando me besó.
- ¡Esa pervertida…! – gruñó Makoto para sus adentros.
- Después de besarme me dijo que estaba contratada, y se marchó.
- Tal vez intentaba comprobar que te cepillas los dientes con regularidad – dijo Chisato, tratando de no pensar mal de un personaje tan conocido como aquella empresaria.
- ¿Y qué vas a hacer? – preguntó Makoto.
- Por ahora coger ese trabajo.
- ¿Estás segura?
- Necesitamos ese dinero, Mako-chan, si no nos echarán del piso, y no creo que pueda encontrar otro trabajo como éste.
- Sólo si encuentras una jefa tan depravada como ella – rió Chisato, dándose cuenta de que tal vez no había sido tan malo que no la hubieran contratado para cubrir aquel puesto.
- El lunes iré a trabajar y no hay más que hablar – concluyó.
- Estoy muy orgullosa de ti, Sakitty – sonrió su hermana, abrazándola. Chisato las observó en silencio mientras tomaba su zumo de naranja.

. . .

- ¡Buenos días, Ogawa-san! – la saludó una muy sonriente Wada Ayaka cuando entró por la puerta-. Maeda-san llegará en una hora, así que puede ir a su despacho a organizar los papeles, clasificar el correo… ¡Ah! Y a Maeda-san le gusta el café americano. Vaya a la cafetería de enfrente a comprarle uno, pero no se lo entregue en su envase original. A Maeda-san le gusta tomar el café en su taza especial. La encontrará en el primer cajón de tu mesilla – Wada dio una palmada para finalizar su explicación-. ¡A trabajar!
- Muchas gracias por la información.

Saki sonrió y se dirigió al despacho en el que le hicieron la entrevista. Sobre su escritorio encontró el correo de Maeda-san, unos informes con una nota que clamaba “¡Urgente! Dáselos a la jefa” y un pequeño papel en el que ponía “¡Bienvenida al trabajo, Ogawa-san!” con la firma de una tal Fukuda Kanon. Saki no tardó en ponerse manos a la obra, aunque no sabía muy bien a qué se refería Wada al decirle que clasificara el correo. Ordenó las cartas alfabéticamente y por fecha de envío y las dejó en una esquina de la mesa junto a los informes que tendría que entregar urgentemente a Maeda-san. Viendo que todavía tenía tiempo antes de que llegara su superiora, pensó que tal vez podría hacer algo para que su jefa se sintiera alegre por la mañana, así que decidió que, aprovechando que salía a coger el café americano, tal vez podría pasarse por la floristería y dejar una flor bien bonita en su despacho. Luego pensó que también podría comprarle un trozo de tarta de fresa, que según había leído en una entrevista de Internet, es su postre favorito.

Con todo esto en la cabeza, Saki salió de su oficina rápidamente. Sentía que si se distraía un solo segundo, se le echaría todo el tiempo encima, y no podría complacer a su jefa. Estaba a punto de coger el ascensor cuando escuchó que alguien la llamaba. Se dio media vuelta para ver quien era, y se encontró con una chica de pelo negro y corto.

- ¡Ogawa-san! – la llamó de nuevo mientras corría hacia ella. A Saki le pareció que esa chica parecía salida de una serie de animación. Era un ser demasiado adorable como para ser de un mundo real-. Veo que no hemos tenido tiempo de presentarnos personalmente. Soy Fukuda Kanon, encargada de marketing, la que dejó la nota en tu escritorio esta mañana.
- Ah, eres tú. Encantada de conocerte, soy Ogawa Saki.
- ¿Así que tú eres la nueva secretaria de Maeda-san? Vaya, eres bastante diferente a las anteriores. Veo que los gustos de la jefa por las mujeres van cambiando.
- ¿A qué te refieres? – preguntó Saki, extrañada por lo que le acababa de decir.
- Creo que hablé demasiado ¿no es así? – rió, cubriendo su boca-. Bueno, tengo que irme. Nos vemos.

Saki sacudió su mano a modo de despedida y bajó en ascensor para ir velozmente a la cafetería. Algunos transeúntes la miraban de manera extraña, puesto que el uniforme que llamaba era bastante llamativo. Algún señor que otro se quejó de lo mal que estaba la juventud de Japón. Saki, ignorando estos comentarios, llegó a la cafetería antes de lo que creía. Compró el café americano, el cual estaba ardiendo y estaba quemando sus dedos, pero no le dio importancia y siguió corriendo hacia la floristería más cercana. Allí vio una flor azul, puesto que el uniforme que llevaba Maeda-san el día de la entrevista era del mismo color, así que supuso que era su favorito. Pensando que una flor no sería suficiente, compró un ramo junto con un jarrón de cristal para ponerlas. Llevar el café y las flores le estaba resultando francamente difícil, así que decidió volver rápidamente a su despacho y dejar las cosas allí para después ir a comprar la tarta. Así lo hizo, teniendo que soportar la curiosa mirada que le brindó la recepcionista Wada Ayaka, que parecía divertida viendo cómo Saki aparecía cargada de cosas por la puerta del ascensor e iba de un lado a otro. Dejando los trastos sobre su escritorio, fue a la tienda de tartas más cercana. Allí encontró una tarta de fresa enorme que tenía muy buena pinta y además estaba a muy bien precio. Pidió que le empaquetaran cinco trozos, los pagó y volvió con la bolsa a su lugar de trabajo. Allí la esperaba Wada, con la misma mirada que tenía antes. Terminó la conversación telefónica que estaba manteniendo y se volvió a la recién llegada con una sonrisa.

- ¿Ya has terminado o tienes que hacer algún viaje más?
- A no ser que se me ocurra algo más, sí, ya he terminado – contestó. Sacó de su bolsa uno de los trozos de tarta empaquetados que había comprado y lo dejó sobre el mostrador.
- ¿Y esto?
- Para ti.
- ¿Lo dices en serio? – preguntó, no saliendo de su asombro.
- Claro. Es para agradeceros a todos lo amables que habéis sido conmigo.
- Pues… no sé que decirte, no me esperaba esto en absoluto – sonrió y abrió el envase-. ¡Y además es tarta de fresa! A Maeda-san le encanta la tarta de fresa. Creo que has dado en el clavo.
- Lo leí en una entrevista que le hicieron en Mr. Business.
- Así que vienes bien documentada sobre tu jefa ¿eh? Buen trabajo.
- ¿Dónde podría encontrar a Fukuda-san? – preguntó, mirando su reloj y comprobando que, efectivamente, todavía tenía tiempo para visitar a la encargada de marketing.
- Está en su oficina, segunda puerta a la derecha por aquel pasillo de la izquierda.
- De acuerdo.
- ¡Ah, Ogawa! – la llamó antes de que llegara a dar la media vuelta-. Muchas gracias por la tarta.
- De nada.

Saki se apresuró a darle su trozo de tarta a Kanon, recibiendo bastantes elogios por su parte. Una vez se hubo despedido de ella, corrió hacia su despacho y fue preparando las cosas. Llenó el jarrón de agua en el expendedor de agua de la recepción y puso las flores en él. Después pasó el café, que todavía seguía bastante caliente, a la taza favorita de Maeda-san. Por último, sacó un trozo de tarta. Con todo preparado, abrió la puerta trasera de su oficina, que llevaba al despacho de su superiora.

La habitación superaba con creces sus expectativas. Tenía un enorme ventanal por el que se podía ver gran parte de la ciudad. Si entrecerraba un poco los ojos, podía ver la torre de Tokyo a lo lejos. Los muebles eran oscuros, pero hacían contraste con el blanco de la pared. Miró el reloj del escritorio y vio que sólo faltaban cinco minutos para que llegara Maeda-san. Dejó el jarrón de flores sobre una encimera, al lado de un marco de fotos que dejaba ver a una sonriente Maeda Yuuka recibiendo un premio junto a su fiel recepcionista, la encargada de marketing y una tercera persona a la que no conocía. Saki quitó el polvo que tenía el marco con la manga de su chaqueta y se apresuró hacia el escritorio. Pensó que tal vez a Maeda-san le agradaría que, al llegar a la oficina, se encontrara su ordenador ya encendido. Así que eso hizo, y volvió a su despacho para coger el café, la tarta, el correo y el informe que urgentemente debía entregarle a su superiora.

Al volver al despacho de su jefa con el correo, el informe y la tarta en manos, se vio muy sorprendida al encontrarse frente a ella a Maeda-san, de pié, mirando fijamente las flores que había sobre la encimera. Al verla entrar, se volvió a ella con algo que parecía ser una sonrisa. Saki le devolvió el gesto.

- Buenos días, Maeda-san – la saludó.
- Buenos días – dijo, volviendo otra vez la vista a las flores-. ¿Las compró usted?
- Sí.
- Son preciosas - murmuró-. ¿Traerá más como éstas cada día?
- Si así lo desea, lo haré, Maeda-san – contestó Saki, haciendo una pequeña reverencia como podía, dado que llevaba muchas cosas en las manos. Maeda-san caminó a su escritorio y tomó asiento en su cómodo sillón. Saki se acercó al escritorio y fue dejando las cosas una por una-. Aquí tiene su correo. No tenía mucha idea de cómo clasificarlo, así que lo ordené alfabéticamente y por fecha de envío. Espero que sea correcto. De no serlo, me encantaría saber cómo hacerlo correctamente.
- No hay problema, Ogawa. De esta manera es perfecto – Maeda-san cogió su correo y fue mirando carta por carta. Saki asintió en silencio y dejó el informe sobre la mesa.
- Este informe me lo dejó Fukuda-san para que se lo entregara a usted cuanto antes. Son los presupuestos de la nueva campaña publicitaria de la empresa.
- Bien – dijo, sin mucho entusiasmo, cogiendo el informe y dejándolo a la altura del resto de las cartas.
- Oh, y esto… - dejó la cajita de la tarta sobre el informe que Maeda-san estaba ojeando, y junto a ella, dejó la cucharilla-. Esto es un obsequio. Leí en una entrevista que es usted una gran aficionada de este tipo de comida.

Maeda-san abrió la caja sin decir nada y sus ojos se abrieron bastante al ver frente a ella una tarta de fresa.

-No era necesario, Ogawa. Yo con mi café americano me doy por satisfecha.
- ¡Es cierto, su café! Casi lo olvidaba. Perdone la tardanza, se lo traigo enseguida – Saki caminó rápidamente a su despacho y cogió la taza de café. La llevó cuidadosamente al escritorio de Maeda-san y la dejó sobre su escritorio. Maeda-san hizo un leve movimiento de cabeza a modo de agradecimiento y dio un sorbo a su bebida-. ¿Está el café a su gusto? Porque si no lo está, puedo ir de nuevo a la tienda y cogerle otro.
- No hay problema, de esta manera está perfecto. Puede retirarse.

Saki obedeció sin rechistar y tras hacer una reverencia, se dirigió a la puerta de su despacho.

-Espere – le ordenó de pronto Maeda-san-. Venga aquí, por favor.
- ¿Qué desea, Maeda-san? – preguntó Saki, con una sonrisa cordial, volviendo al punto donde se encontraba antes. Ella se levantó de su asiento y se puso frente a su escritorio. Lanzó un pequeño suspiro y volvió la vista a su nueva secretaria.
- ¿No está molesta por lo ocurrido en la entrevista?
- ¿Molesta? No creo que debiera estarlo, Maeda-san. Sin tener mucha experiencia, usted me contrató, y le estoy muy agradecida por ello – le dijo, haciendo nuevamente una reverencia.
- Me refiero a lo que ocurrió cuando nos quedamos a solas – se aclaró la garganta-. ¿Por qué es tan amable conmigo después de lo ocurrido?
- Todos merecen empezar de buena manera el día ¿no cree, Maeda-san?

Esto parece que la hizo pensar, pues su superiora se quedó en silencio durante unos segundos. Luego le hizo una seña a Saki para pedirle que se acercara a ella. Ella obedeció, un poco asustada por cuáles podrían ser las intenciones de su jefa. Una vez se hubo situado cerca de ella, Maeda-san tomó la fresa que estaba sobre la nata de la tarta y la puso frente a los labios de la más joven, invitándola a que se la comiera. Saki, sin saber bien qué es lo que su jefa deseaba, abrió la boca y mordió un trozo de la fruta en cuestión.

-¿Está rico? – le preguntó Maeda-san mientras ella masticaba. Saki se limitó a asentir mientras tragaba.

Ella aprovechó su mano libre para tomar a Saki por el mentón y besarla. Saki no supo muy bien como reaccionar hasta que notó que la lengua de su superiora ya se encontraba dentro de su boca. Quiso corresponder al beso, pero antes de que pudiera darse cuenta, Maeda-san le había mordido los labios y se había apartado de ella.

- Puede retirarse.

Saki, sin saber muy bien que hacer, asintió y volvió a su lugar de trabajo. Una vez sentada en su silla, todavía desconcertada, tocó sus labios. Le dolían un poco, puesto que Maeda-san los había mordido, igual que lo había hecho el día de la entrevista. Saki no lograba entender qué significaba todo aquello, y por qué sentía unas enormes ganas de que ella la besara de nuevo.

El resto del día fue bastante tranquilo. Maeda-san estuvo reunida toda la mañana con Fukuda y su ayudante Wada. Saki sólo tuvo que encargarse de llevar cafés a la sala de reuniones. De vez en cuando, recibía alguna llamada, y argumentando que Maeda-san estaba reunida, apuntaba el recado y el número de teléfono de todos aquellos que llamaban. Al terminar la reunión, Saki tuvo que pasar por el despacho de su jefa para darle todos los recados, y ella le entregó una carpeta, para que se la entregara a Umeda Erika, la contable. A parte de eso, no tuvo mucho que hacer, y se pasó la tarde ordenando viejos informes que Wada le iba dando para que tuviera algo que hacer.

La semana se desarrolló de igual manera, con algunas pequeñas diferencias. Saki se esmeraba cada mañana para traerle a su superiora un café, unas flores y de vez en cuando algún pastel de la cafetería, que Maeda-san siempre le agradecía de la misma manera: con un mordisco en los labios. Después de una larga jornada laboral, solía hablar con Fukuda o con Wada mientras iban de camino a la estación de autobús. Sólo Wada y ella tomaban el autobús, puesto que Fukuda se solía cansar de esperar al autobús y acababa por llamar a un taxi. Saki todavía no entendía qué hacían unas chicas tan jóvenes al frente de una empresa tan conocida internacionalmente, y tampoco cómo ella, una chica con sólo el título de bachillerato, había llegado a ser la secretaria de una empresaria tan famosa.

Un día, de vuelta a casa en el autobús de las ocho, Saki le preguntó por ello. Wada le sonrió y le contestó que eso era una larguísima historia, pero ella insistió en que estaba preparada para escucharla. La fiel recepcionista no pudo decir que no, y bajaron en la siguiente estación para ir a una cafetería a hablar con mayor tranquilidad. Saki avisó a su hermana por teléfono de que iba a llegar más tarde por “asuntos de negocios”, y Makoto no dijo nada al respecto, puesto que sólo cómo sonaba aquello la hizo sentir muy orgullosa de su hermana pequeña.

Una vez en la cafetería, sentadas la una frente a la otra, Saki tomando un batido de vainilla y Wada un café descafeinado, ésta última procedió a contar todo aquello que sabía sobre S/mile Factory.

- Cuando Kanon, Maeda-san y yo teníamos cinco años éramos grandes amigas – comenzó Wada-. Por aquel entonces éramos inseparables. Donde fuera una, iban las otras dos. Maeda-san era una buena amiga, lo recuerdo. Era muy risueña y le encantaban jugar. La llamábamos Yuukarin, y ella se sentía muy feliz cuando la llamábamos así. En definitiva, no tenía nada que ver con la Maeda-san que tú conoces actualmente.
>> Un día, una profesora nos propuso, a modo de ejercicio de clase, que pensáramos qué queríamos ser de mayores. Kanon respondió que ella quería hacer pasteles muy bonitos, y yo que quería diseñar ropa. Maeda-san dijo que quería hacer sonreír a todos, y entonces se le ocurrió que tal vez podríamos fusionar nuestras futuras profesiones y fundar una empresa de ropa y pasteles que hicieran sonreír a la gente. Durante la clase de inglés, se le ocurrió llamar a dicha empresa S/mile Factory. Esa misma tarde, prometimos que, cuando fuéramos lo suficientemente mayores, fundaríamos nuestra propia empresa.
>> Al cabo de tres años, una profesora le hizo un test de inteligencia a Maeda-san. Determinó que era superdotada y la adelantó unos cuantos cursos. Pronto ella hizo amigas en el curso en el que estaba y se olvidó de nosotras. Un día, Kanon y yo la esperamos para comer en el árbol bajo el que solíamos almorzar las tres juntas, y ese día ella se sentó junto a nosotras. Pero no era la Yuukarin de siempre. Le molestaba que la llamáramos así, y era muy pero que muy seria. No sabíamos qué había pasado, pero nuestra mejor amiga había sufrido un cambio repentino por alguna razón, y desde entonces no ha vuelto a ser la misma.
>> Unos cuantos años después, Maeda-san fue a la universidad, matriculándose en Administración y gestión de empresas, y Derecho al mismo tiempo. Terminó sus estudios, y para mi sorpresa y la de Kanon, cuando terminamos bachillerato, Maeda-san nos llamó para que formáramos parte de su equipo de confianza. El 3 de Enero de 2007 fundó S/mile Factory, y todavía hoy sigue siendo todo un éxito, pero Maeda-san no volverá a ser quien era.

Saki asintió en silencio, procesando toda la información que Wada le había dado. Trataba de imaginarse a Maeda-san como  una niña pequeña, con su uniforme de guardería, sonriendo. Podía imaginársela de esa manera, salvo por lo de la sonrisa. Maeda-san rara vez le había sonreído. Había intentado sonreírle, pero su sonrisa nunca parecía real y sincera.

- ¿Y a mí? ¿Por qué me eligió a mí? – preguntó Saki.
- Creo que no se me permite hablar de ello – sonrió, dando un sorbo a su café-. Pero lo mejor será decirte que simplemente eras la mejor.
- Pero había gente mejor cualificada para cubrir ese puesto, como mi amiga Chisato por ejemplo. ¿Por qué me eligió a mí? – repitió. Wada suspiró y miró a ambos lados antes de pedirle a su acompañante que se acercara más ella.
- Maeda-san me da una lista de requisitos.
- ¿Una lista?
- Sí. En esa lista aparece el tipo de mujer que desea que sea su secretaria.
- ¿A qué te refieres?
- A características físicas. Ella elige a su secretaria según cómo sea físicamente. Tú eras lo que más se ajustaba a esas características.
- Ésa es una manera bastante superficial para elegir secretaria ¿no crees? – le preguntó, tomando un sorbo de su batido. Wada se apoyó en el respaldo de su silla y resopló.
- Es que secretaria es una manera más elegante de decir que eres la putilla de Maeda-san – dijo. Esto dejó boquiabierta a la joven Saki, que sin querer derramó todo su batido sobre la mesa. Un camarero se acercó a limpiarla, con cierto gesto de reproche. Saki y Wada se miraron a los ojos mientras aquel muchacho pasaba el trapo por la mesa. Una vez el chico se hubo alejado, Wada volvió a hablar-. La secretaria, además de realizar los trabajos de clasificar, archivar, entregar y demás, también es la chica con la que Maeda-san se desahoga.
- ¿Desahogarse de qué manera? – preguntó. Wada sonrió, pero no era una sonrisa de alegría, era más bien de compasión.
- Sexualmente.

Saki no sabía qué decir a eso. Sabía que aquellos besos que Maeda-san le daba cada mañana escondían algo, pero nunca pensó que ella era el juguete de su superiora. Llegó a pensar que Maeda-san estaba locamente enamorada de ella, y que no podía poner en riesgo su categoría como gran empresaria saliendo con una chica con título de bachillerato y nada más. Incluso creía que Maeda-san se confesaría algún día, y dejaría su trabajo y las dos se marcharían lejos. Pero ahora que sabía las intenciones de su jefa, sentía ganas de llorar.

-Pensé que ya lo sabías. ¿No te ha tocado Maeda-san durante esta semana? Hay secretarias que dimiten a la primera semana por eso – Saki negó con la cabeza.
- Sólo me ha besado.
- Vaya, eso es inusual en ella – murmuró Wada-. Normalmente suele estar toqueteándolas desde el primer día. Tal vez quiera ir despacio contigo. Pero eso es muy raro en ella.
- … Creo que no me encuentro muy bien – dijo Saki, llevando su mano a su frente. Todas estas cosas le estaban causando un enorme dolor de cabeza.
- Saki, el trabajo que tienes es sin duda el más duro de la empresa y todos lo saben. Me sorprende que sufriendo todo lo que tienes que sufrir sigas sonriéndonos y nos traigas dulces de vez en cuando. A Sugaya, la chica que ocupaba tu puesto antes que tú, le pasaba lo mismo, así que contigo no me andaré sin rodeos – Wada suspiró, se masajeó el hombro derecho y miró directamente a Saki-. ¿Estás enamorada de Maeda-san?

A Saki esta pregunta no la tomó por sorpresa. Toda aquella semana se había estado preguntando a sí misma lo mismo. Cada día, al volver a su oficina después de haber estado con Maeda-san, tocaba sus labios, pensando en lo rígidos que eran los de su jefa, en la manera que acariciaba sus mejillas. La verdad es que no sabía lo que sentía, puesto que nunca se había sentido de igual manera.

Saki asintió en silencio en respuesta. Wada le sonrió y tomó un sorbo de café.

- Entonces, estás en el trabajo indicado, Saki-chan.

- - -

Al volver a casa en el autobús de las diez y media, se despidió de Wada y bajó en la parada más próxima a su casa. Al bajar, se sorprendió al ver en la parada a su hermana y a su amiga Chisato, esperándola.

-¿Qué hacéis vosotras aquí? – preguntó. Wada, que estaba todavía dentro del autobús, observaba con curiosidad la escena. Chisato se lanzó a los brazos de Saki, sin poder contener su emoción mucho más tiempo.
- ¡Tengo una entrevista con Tsunku! – exclamó.
- ¿Qué? ¿Con Tsunku, el productor de ºC-ute? – Saki no salía de su asombro. Llegó a plantearse que se había quedado dormida en el autobús y esto era parte de un sueño. Pero no, recordaba haber hablado con Wada todo el camino de vuelta.
- ¡Así es! ¿Recuerdas el vídeo que subí a Youtube, en el que salía bailando Dance De Bakoon, de ºC-ute, en mi casa? ¡Pues tiene como unas seis millones de visitas! Y Tsunku lo ha visto y le ha encantado. Me ha localizado y me ha llamado para que haga una audición.
- ¿Vas a ser un miembro de ºC-ute? – resumió Saki, todavía sin poder creerlo.
- Todavía no estoy segura pero ¡eso creo! Ahora en la tele han anunciado que tres miembros serán añadidos a ºC-ute, y que uno ya está elegido. ¡Tal vez ésa sea yo!
- ¡Muchas felicidades, Chisa! – exclamó, abrazando a su amiga-. Y tú Makoto ¿por qué estás aquí?
- Chisato vino a casa y me contó lo que había sucedido, así que decidimos esperarte en la estación de autobús para darte la gran noticia – sonrió su hermana-. ¿Verdad que es genial?
- ¡Completamente! Todavía no puedo creerlo – dijo Saki, pellizcando su mejilla-. Claramente, no estoy soñando.
- Bueno ¿cómo te fueron esos asuntos de negocios, secretaria? – le preguntó su hermana. Saki recordó lo que Wada le había contado y sacudió la cabeza.
- Fue bastante aburrido. Estuve con Wada arreglando unos papeles para la reunión del lunes.
- Oye, sigo diciendo que si el trabajo te aburre, puedes dejarlo – le recordó su hermana.
- No hay problema, Mako-chan.

Al fin y al cabo, el trabajo era lo único que la unía a Maeda-san y a sus rígidos labios.

- - -

Tal y como dije, me encanta poner a S/mileage como super malvadas. Y más a Maeda Yuuka, que parece tan dulce. Nyan!

lunes, 4 de abril de 2011

Habitación para 30 [Parte 1]

Aquí os dejo lo que he empezado a escribir hoy =)


4 de Abril, Lunes. 
10 de la mañana.
Hotel. Duodécimo piso, habitación 556.
Mini Apartamento de Morning Musume.


Aika: ¡Buenos díaaaaaas! Ohayou gozaimasuu! ¿Cómo durmieron todas?
Reina: ¡Deja de ser tan alarmantemente positiva! ¡¿Por qué no puedes quejarte por las mañanas como todas las demás?
Aika: Mouu, Reina, ¡tienes que ser más positiva por las mañanas! Si no afrontamos el día con una sonrisa, no podremos hacer nada bien. (Sayumi sale de su habitación medio dormida) Mira, seguro que Sayumi me da la razón. ¿Verdad que hay que despertarse de manera positiva, Sayu?
Sayumi: ¿Por qué no te callas un rato, Aika?
Aika: ... T_T Moou, Ai-chan, no dejes que estas dos llenen de aura negativa a las nuevas integrantes.
Ai: Es que, en realidad, les doy la razón, puedes llegar a ser muy pesada por las mañanas. Es que las mañanas son eso, mañanas, no hay que ser positiva.
Aika: Pero ¡mira a las nuevas integrantes! ¿Es ésta la imagen que les queremos dar? (Señala a Risa Niigaki, que tiene la boca llena de fideos y pone los palillos en sus labios, haciendo que parezcan "colmillos")
Risa: Soy una morsa :3
Ai: Aika ¿y tú has mirado bien a las nuevas integrantes? (Señala a Kanon, que está imitando a un ratón mientras come una galleta, a Erina, que corre en círculos huyendo de las puertas, a Riho, que lleva un gorro de Kirby en la cabeza y juega a la PSP sin prestar atención a su desayuno ya frío y finalmente, señala a Mizuki)
Aika: ¿Ves? ¡Mizuki no está haciendo nada!
Reina: Bueno, es que Mizuki nunca ha hecho nada interesante.
Mizuki: Oye, eso no es cierto. Yo hago cosas muy interesantes, como cuando... (Silencio) O aquella vez que... (Silencio) Vale, tú ganas, no hago nada interesante.
Sayumi: Aw, no te lo tomes a mal. La manera en la que le diste fresas a Riho fue interesante.
(Mizuki mira a Riho).
Riho: (viciándose con la PSP) Ghish, ish, ish, ish, ish.
Mizuki: Si tú dices que dar de comer a esta cosa es interesante... (Ríe)
Riho: ¡Nuevo record! (Se levanta y se pone a hacer un baile de la victoria)
Ai: ¿Eh? ¿En serio? ¿Cómo lo has hecho? (Se acerca a Riho)
Riho: Es fácil si sabes hacer un truco al principio.
Ai: ¡Enséñamelo!
(Ai y Riho van sofá. Reina mira a Erina, que sigue corriendo en círculos huyendo de las puertas del pasillo, y suspira. Se levanta y camina hacia ella.)
Reina: ¡Tienes que superar tu miedo a las puertas!
Erina: Están.... en... todas... partes.
Reina: Ya pasó, ya pasó (dirige a Erina a la mesa) Siéntate y desayuna algo.
Erina: Vale (Se sienta al lado de Kanon, quien sigue ratonando la galleta)
Risa: ¿Qué tal, Kanon? ¿Está rica la galleta?
Kanon: Cras, cras, cras, cras.
Risa: Ya veo, ya veo.
Ai: ¡Wow! No sabía que se podía hacer eso. ¿Es legal?
Riho: Creo que sí.
Sayumi: ¿A qué estáis jugando?
Riho: Al Triángulo Hero.
Reina: El famoso Triángulo Hero (irónico).
Riho: Tiene una canción de Morning Musume.
Risa: ¿Ah, sí? ¿Cuál?
Riho: Resonant Blue.
Sayumi: Sí, nuestra canción que se hizo famosa por su solo de triángulo (irónico).
Erina: ¿Hay puertas en ese juego?
Riho: Eh... no.
Erina: ¿Puedo probarlo?
Riho: ¡Claro! Espera que Ai termine su partida.
Ai: Kanashimi ga kodama suru, woooo (8)
Kanon: Hey ¿alguien quiere ver mi imitación de la mariposa? La he estado perfeccionando en el colegio.
Risa: Kanon, como tu sublíder que soy tengo la obligación de ser totalmente sincera contigo: nadie quiere ver tus imitaciones.
Kanon: .... Entiendo (se levanta) Pero algún día mis imitaciones serán tan buenas que podré volar, y entonces no os querré enseñar mis imitaciones.
Reina: Bueno ¿qué plan hay para hoy?
Risa: Pues a la noche tenemos el concierto, así que a las seis de la tarde deberíamos estar en la sala de concierto.
Reina: Ya veo... ¿Y podemos no ir? Me da pereza bailar hoy.
Kanon: A mí también me da pereza bailar.
Erina: ¡No quiero ir a la sala de concierto! ¡Tal vez para entrar tenga que usar... (pausa dramática) la puerta!
Reina. ¡No tiene sentido que tengas miedo a las puertas! ¡Acéptalo de una vez!
Erina: ¡No cuestiones mi puertofobia! Ya se lo dije a Riho una vez y no quiero volver a repetirlo.
Ai: ¡NUEVO RECORD! (Riho y ella se levantan y se ponen a bailar)
Aika: (para sí misma) Bueno, al menos la cosa está más positiva que antes.

Continuará. 

domingo, 3 de abril de 2011

¿Qué es esto? (introducción del blog)

S/mileage: Waaaaaaaaaaah! *pup*
Kanon: ¿Eh? (Mira al rededor) ¿Dónde estamos?
Saki: No lo sé, sólo recuerdo que cuando perseguíamos al conejo caímos por un enorme agujero.
Yuuka: ¿Y dónde estamos ahora?
Kanon: No lo sé, pero da un poco de escalofríos.
Ayaka: La verdad es que sí, un poco de miedo sí da.
Saki: ¿Por qué no investigamos un poco para ver qué hay por aquí?
Kanon, Yuuka, Ayaka: ¡De acuerdo!
(Miran a su alrededor, paseando de un lado a otro)
Kanon: ¡Hey, mirad eso de la derecha!
Saki: ¿El qué?
Ayaka: ¡Ala! ¡Mano Erina!
Yuuka: ¡Tal vez ella pueda sacarnos de aquí! (Corre hacia la derecha) ¡Mano-chaaaan!
Saki: ¡Yuuka! ¡Esa no es Mano Erina, es...! (Yuuka choca contra la foto de Mano Erina) ... una foto.
Ayaka: ¿Estás bien, Yuuka?
Saki: ¡Menudo golpe te has dado!
Yuuka: Estoy bien, estoy bien. Pero ¿qué es esto? Si pulsamos la foto de Mano Erina, esta parece llevarnos a otro sitio...
Kanon: ¿Eh? ¿Lo dices en serio?
Yuuka: Sí ¡mira! (Pulsa la foto y S/mileage es transportada a otro sitio)
Saki: ¡Ara! ¿Y ahora dónde estamos?
Ayaka: Yo he estado aquí antes.
Kanon, Yuuka, Saki: ¿Eh? ¿En serio?
Ayaka: Um. En realidad, las cuatro hemos estado aquí antes.
Saki: ¿Nos tomas el pelo?
Ayaka: No. Mirad arriba.
Kanon: (Lee) ¿A dónde vamos a llegar, Tsunku?
Yuuka: ¡Ah! Ya lo recuerdo. Es el blog de una fan nuestra que hace parodias de nuestras canciones.
Saki: En realidad, por ahora sólo ha hecho una parodia de nosotras.
Ayaka: Así que, el sitio en el que estábamos antes era otro blog de la misma chica.
Kanon, Yuuka, Saki: ¡Ah! Ahora lo entiendo.
Saki: ¿Y de qué es ese otro blog?
Ayaka: Mirad, allí está la foto de Mano Erina. Volvamos al otro blog.
Yuuka: ¡Vamos! (Pulsa la foto y S/mileage vuelve a ser transportada)
Kanon: (Mira hacia arriba) ¡Es un blog de fics y tonterías!
Saki: Y parece que en este blog también estaremos presentes, ya que es un blog sobre tonterías de H!P.
Ayaka: Chicas, a partir de ahora, demos lo mejor de nosotras para que el blog de Youshouldmissme tenga éxito.
Kanon, Yuuka, Saki: ¡Vale!
Kanon: Ojalá todos los blogs que están a la derecha tengan éxito también.
Saki: ¡Seguro que lo tendrán!
Yuuka: Vale, ahora una pequeña cosa.
Kanon, Saki, Ayaka: ¿Qué ocurre?
Yuuka: ¡¡¡¿Soy la única que recuerda que estamos encerradas en un espacio blanco y azul?!!!
Saki: ¡Es verdad! Ya se me había olvidado.
Kanon: Igual estamos locas y nos metieron en un manicomio, y todo esto del blog sólo ha sido una visión.
Yuuka, Saki, Ayaka: . . . 
Kanon: Sólo es una suposición.
Saki: No ha tenido gracia.
Kanon: Ya lo sé. (Silencio)
Yuuka: ¿Quién quiere un helado?
Ayaka: ¡Yooo!
(Las cuatro se van a por helados)


Bueno, por si S/mileage no lo dejó claro: Sí, es un blog de fan fics y tonterías sobre H!P, para mis tonterías y paranoias sobre Hello! Project ocasionales. Aquí iré publicando todo lo que voy escribiendo entre clase y clase, y demás tonterías que en el otro blog quedarían fuera de lugar.
¡Espero que disfrutéis de este blog tanto como yo lo hago escribiéndolo! :)